Thursday, May 10, 2012

Reflexiones...



"Este esclavo moderno, asalariado, sufre mayores angustias y miedos irracionales que el antiguo porque, a diferencia de éste que no padecía ni la alienación ni el fetichismo mercantiles, sino la pura y descarnada opresión física, aquél, el moderno, ha sido creado como “ser humano libre” dentro de la total dictadura asalariada, dictadura física y psicológica, material e ideológica, consciente e inconsciente. El esclavo antiguo tenía enfrente al Amo físico, real, armado hasta los dientes y que recurría a la violencia en cualquier momento. El esclavo moderno, tiene enfrente al Amo físico, el empresario, pero desarmado e incluso “demócrata” y tolerante, que admite el “juego parlamentario” y que trata al trabajador como “ser humano”, no como un mero animal, un ex humano que ha perdido todos sus derechos al ser conquistado o comprado. La violencia capitalista, en apariencia, golpea y reprime pero exculpando al empresario y responsabilizando a las leyes y al “Estado de derecho”. De este modo, violencia represiva y explotación asalariada aparecen oficialmente separadas por la ley, ya que es un principio axiológico --pero falso y mentiroso-- de la democracia burguesa que lo político está separado de lo económico. Peor todavía, el esclavo moderno tiene la “figura del Amo” dentro de sí mismo, en su irracionalidad miedosa y en su consciencia egoísta y consumista. Por esto, las cadenas que le atan son más efectivas, flexibles y resistentes, entre otras cosas porque muchos de sus eslabones no se ven a simple vista, están ocultos por la misma inversión de la realidad que logra el capitalismo." (Iñaki Gil de San Vicente)







"Hay que decir, para comprender en su profundidad todo el problema de la UE, que ésta es la cuarta fase histórica de reordenación, concentración y centralización de las jerarquías burguesas internas, con los cambios correspondientes en las dinámicas de explotación, modernización y desarrollo del capitalismo a nivel europeo y mundial. Las tres anteriores supusieron nuevas potencias y Estados dominantes, nuevas fracciones burguesas en auge en detrimento de otras, y nuevas oleadas de expansión capitalista, pero las tres fueron tan efectivas porque se basaron en implacables y muy crueles guerras internas y externas, verdaderas guerras mundiales que abarcaron a todos los continentes entonces conocidos por las burguesías europeas, porque también se luchó allí en donde podían extraer algún beneficio por nimio que fuera. Los momentos cumbre de las tres fases fueron: el Tratado de Westfalia de 1648; el Congreso de Viena de 1815 y los acuerdos de Yalta y Potsdam al final de la guerra de 1940-45. Lo que ocurre es que ahora, en la fase abierta definitivamente a comienzos de 1990 con el Tratado de Maastricht, las burguesías europeas más fuertes no pueden recurrir a otra guerra y han de contentarse con avanzar “pacíficamente” a la sombra de los EEUU hasta que puedan desplazarle en muchas cuestiones." (Iñaki Gil de San Vicente)







"La segregación de diferentes porciones nacionalistas de la humanidad nunca fue nuestra intención. Es cierto que el bolchevismo insistía en que todas las naciones tenían el derecho de secesión —el derecho, pero no el deber— como garantía última más efectiva contra la opresión. Pero la idea de preservar artificialmente idiosincrasias nacionales era profundamente ajena al bolchevismo. La eliminación de toda opresión o indignidad nacional, incluso disfrazada, incluso la más refinada e 'imponderable', tiene que ser utilizada para la unificación revolucionaria, y no para la segregación de los obreros de diferentes nacionalidades. Donde existen privilegios e injurias nacionales, las naciones tienen que tener la posibilidad de separarse las unas de las otras, de tal manera que se pueda facilitar la unificación de los obreros, en el nombre de un mayor acercamiento de las naciones, con la perspectiva distante de la eventual fusión completa de todos. Esa era la tendencia básica del bolchevismo, que reveló su fuerza plenamente en la Revolución de Octubre." (Trotsky)







"El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal. Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aun dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre: hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma." (Ernesto Guevara, "El Che")



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